Semana 21: bombo y eco.

Sí, bombo. Ya me han preguntado por la calle si estoy embarazada y ya me miran el bombito los que no preguntan. ¡Ya se nota muchísimo!

bombo_semana21

Y sí, eco. Por fin hemos pasado la temida ecografía morfológica que se hace alrededor de la semana 20. Que, como ya dije, tengo la sensación de que son todas temidas y todas son “la más importante”. Sea como sea, fue muy bien.

Lo primero, confirmado que es una niña. En un momento la ginecóloga congeló la pantalla, sonrió y yo dije “¡eso es un chochete!”. Y sí, lo era: ¡una vagina sin lugar a dudas! Aunque ya nos lo habían dicho en la semana 14 y yo ya lo daba por hecho, me quedaba un porcentaje de duda, porque me lo dijeron muy pronto y porque no sería la primera ni la última vez que “parece niña” y al final “es niño”, o al revés. El hecho de verlo yo ayer con mis propios ojos, y también el hecho de que se vio súper rápido, casi al empezar la ecografía (no como en la semana 14, que a la ecógrafa le costó bastante…), me han quitado cualquier atisbo de duda. Y, parece una tontería, pero de repente tener claro que es una niña me ha hecho ver más real todo el asunto.

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La verdad es que cada ecografía que pasa te acerca un poco más a la realidad, pero ésta en concreto me ha acercado mucho. Supongo que es también porque el embarazo ya está mucho más avanzado, ya se ve bien la barriga, a ella la noto moverse un montón… Todo suma. Pero el hecho de asignarle definitivamente un sexo (o género, lo que sea) y con ello un nombre, me hace verla de repente más “bebé” y menos “feto”.

Volviendo a la eco: Marina estaba en posición cefálica y tenía la cabecita muy encajada abajo pero como hacia un lado, así que no se dejaba ver bien esa parte, y en esta eco se aseguran de mirarlo todo, todo, todo al dedillo. Así que la ginecóloga revisó todo lo demás (extremidades, columna, órganos internos…) e hicimos una pausa. Salí, comí un poco de chocolate y al rato nos volvieron a llamar, pero Marina seguía ahí abajo encajadita (a ver si para el día del parto está tan bien puesta ahí abajo, jeje), aunque se había movido un poco y con una eco vaginal pudieron ver y medir lo que tocaba. ¡Todo dentro de la normalidad! Y Marina pesa ya unos 442gr.

La ginecóloga, un amor. Ya la conocía de cuando me hicieron la ecografía dentro del estudio de mi infertilidad (cuando aún no estaba embarazada), y ya ahí me pareció majísima. Nos lo explicaba todo paso a paso, se aseguró de girar la pantalla para que yo viese también la imagen, nos dio 9 fotos y un informe muy detallado. Se reía cada minuto por lo mucho que se movía Marina. Yo ya lo sabía, que no para quieta.

Y ya está… después de la ecografía, felicidad máxima y sensación de estar flotando hasta que me fui a dormir.

¡Bueno! ¡Me olvidaba de algo muy importante! Nada más tumbarme en la camilla le pregunté a la ginecóloga cómo (o más bien dónde) estaba mi placenta, ¡y ya está arriba! No hay rastro de ella cerca del cuello del útero, así que puedo respirar (y sobre todo moverme) tranquila. Me dijo “si ahora la veo baja, aún sería normal y no preocupante”, pero… ¡qué desahogo! Así que oficialmente empiezo ya a hacer ejercicios de Kegel, e intentaré también hacer yoga prenatal en casa al menos 3-4 días por semana. ¡No quiero llegar al parto sin nada de fondo!

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